Un desgarro del manguito rotador puede parecerse mucho a otros problemas del hombro: pinzamiento, tendinitis del bíceps, hombro congelado, artritis de la articulación acromioclavicular (AC) e incluso un nervio pinzado en el cuello. Acertar con el diagnóstico es importante porque los caminos de tratamiento son muy diferentes. En LAOSS, la mayoría de los pacientes salen de su primera cita con un diagnóstico inicial y un plan en la mano.
Su evaluación empieza con una historia clínica enfocada: cuándo comenzó, si hubo una lesión específica, qué actividades o posiciones provocan el dolor y cómo está afectando su sueño y su trabajo. Después hacemos un examen físico: medimos el rango de movimiento activo y pasivo, y evaluamos cada tendón del manguito rotador por separado: la prueba de la lata vacía para el supraespinoso, la fuerza de rotación externa para el infraespinoso, y las pruebas de despegue (lift-off) y de presión abdominal (belly-press) para el subescapular. También descartamos otras causas, como el pinzamiento, una lesión del labrum o un problema de la articulación AC.
Por lo general pedimos una radiografía (rayos X) en la primera cita, no porque los rayos X muestren los tendones, sino porque muestran espolones óseos, artritis de la articulación AC, depósitos de calcio y la posición de la cabeza del húmero, y todo eso ayuda a completar el cuadro. Cuando el examen sugiere un desgarro, pasamos a una resonancia magnética (MRI) (a veces a un ultrasonido), que muestra el tendón directamente: si el desgarro es de espesor parcial o total, qué tan grande es, cuánto se ha retraído el tendón y si el músculo ha empezado a atrofiarse. Esos cuatro hallazgos de la resonancia, más que cualquier otra cosa, determinan la decisión entre cirugía y tratamiento conservador.